La
sedimentación de las aguas, formaron gran cantidad de islas, que merced
a la humedad del clima, han transformado este lugar en un ecosistema que merece
ser conocido por su frondosa vegetación, por la variedad de su fauna,
por las características de su terreno, por la particularidad de las
crecidas, pero por sobre todo por la riqueza y el trabajo de su gente, y el
respeto hacia este medio natural.
Serpenteantes y semitapados por la frondosa y salvaje vegetación, los
senderos son un desafío permanente a la imaginación de quien
los surca, en donde
el crepitar de las hojas y ramas
secas, se mezcla con el canto de los variados tipos de pájaros característicos
de la zona isleña.
Un viejo convento
Franciscano, la hoy abandonada fábrica de sidra, los barcos, lanchas
y botes, las típicas casas isleñas, los zanjones y arroyitos,
nos invitan en cada paso a avanzar más y descubrir la riqueza, variedad
y el colorido de esta zona......, encontrar a su gente, conocerla.